Cancún, Q. Roo. — El acceso principal al corazón turístico del Caribe Mexicano se convirtió de nueva cuenta en una zona de zozobra y parálisis absoluta. Detrás de este violento estrangulamiento vial se encuentra nuevamente la abogada Ariadne Song, quien convirtió el secuestro de la arteria más importante de la ciudad en su modus operandi recurrente, desatando la rabia y la preocupación de la sociedad cancunense.
La indignación colectiva ha alcanzado su punto más alto al recordar el historial de la litigante.
Quienes sufren el bloqueo señalan que, mientras ella cobra sus honorarios como abogada por llevar estos casos, recurre repetidamente a medidas de presión extremas que afectan a miles de inocentes. Entre sus antecedentes más repudiados por la ciudadanía destaca el uso de menores de edad en protestas pasadas sobre este mismo tramo, una táctica expuesta que hoy vuelve a encender las alarmas sobre los límites y las intenciones detrás de sus movilizaciones.
La alarma social va en aumento: los cancunenses ven con profunda preocupación cómo la movilidad, la economía y la seguridad de la ciudad quedan a merced de los intereses y la agenda personal de la litigante cada vez que decide paralizar el Bulevar Kukulcán. Mientras tanto, el golpe directo lo recibe la gente de a pie. Cientos de trabajadores —camaristas, meseros y obreros— quedaron varados o tuvieron que caminar kilómetros exhaustos tras sus turnos, mientras que turistas aterrorizados corrían con maleta en mano para no perder sus vuelos, proyectando al mundo una devastadora imagen de anarquía.
La comunidad exige de manera tajante poner un alto a este ciclo de bloqueos mercenarios. Los automovilistas y trabajadores atrapados coinciden en que los litigios y cobros de una abogada deben desahogarse en las salas de los tribunales y no sometiendo a la ciudadanía a un secuestro vial que arruina el sustento y la paz de Cancún.
