PULSO

Eduardo Meraz

No fue precisamente una prueba de amor la petición de Estados Unidos al de México, sino ponerlo a prueba sobre su compromiso de combatir realmente el tráfico de fentanilo, a través del desmantelamiento de laboratorios donde se produce el opioide y la captura de los hijos de “El Chapo” Guzmán, pues ya no quiere seguir esperando para recibir el sí del presidente palaciego.

El apremio norteamericano se da justo cuando el mandatario sin nombre y sin palabra arranca el último tramo de su sexenio, cuando la fuerza de su mano izquierda se le empieza a debilitar y los calambres no sólo dificultan su andar, sino amenazan extenderse por todo su gobierno.

Los arrumacos y empalagosas palabras entre las autoridades de ambos países ya no satisfacen a EU, pues ve como miles de sus ciudadanos mueren y no precisamente de amor, a causa de las drogas producidas y comercializadas por el crimen organizado mexicano.

El portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller, admitió: tenemos un problema de demanda en Estados Unidos y que tenemos que tomar medidas para reducirla. Al mismo tiempo, tenemos que tomar medidas con nuestros socios mexicanos para combatir el tráfico y esto incluye la destrucción de laboratorios en México “y la captura de traficantes en la frontera y dentro de México”, advirtió.

Miller afirmó que el gobierno de Joe Biden desearía ver «un progreso» en todos estos indicadores. Es decir, existe insatisfacción de la parte estadounidense ante los “retobos” del gobierno mexicano por acceder a las peticiones

Si bien Estados Unidos y México han «aumentado la cooperación» en contra de las drogas sintéticas, tanto por el desmantelamiento de laboratorios como por la extradición de Ovidio Guzmán López, el gobierno norteamericano no se conforma con estos escarceos, y prácticamente reclama una entrega total.

A eso precisamente vienen el secretario de Estado, Antony Blinken; el de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y el fiscal general, Merrick Garland, para participar este jueves en el Diálogo de Alto Nivel sobre Seguridad entre ambos gobiernos.

Las relaciones de México con su principal socio comercial se han caracterizado por la máxima cuatroteísta de “tan lejos de Dios y no tan cerca de Estados Unidos”, salvo cuando se trata de recibir apoyos y donaciones norteamericanas, en casos como las vacunas anticovid o cuando la crisis petrolera al inicio del gobierno morenista.

Y mientras internamente el habitante temporal de Palacio Nacional reparte abrazos a la delincuencia, con su vecino del norte le regatea tales manifestaciones, como se comprueba en los variados diferendos dentro del T-MEC, o en la negativa a asistir a reuniones convocadas por el presidente Biden.

Este comportamiento veleidoso de parte del mandatario innombrable seguramente está próximo a llegar a su fin, al igual que los requiebros con otros actores vinculados a foro de Sao Paulo. Estados Unidos quiere un socio confiable y comprometido en su lucha por combatir el narcotráfico.

Es dable esperar que los términos de la ecuación se modificarán, lo cual también tendrá un impacto en las relaciones non sanctas entre autoridades y el crimen organizado y, seguramente, en su papel dentro del proceso electoral 2023-2024.

México ya no se puede dar el lujo de ser reprobado o pasar de panzazo la prueba a la cual será sometido en los siguientes días. A pesar de la reticencia mexicana, se vislumbra una etapa de cercanía abrazadora con su principal socio.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

¿Estamos en vísperas de tener un mandatario “buena ondita” al final de su mandato? Después de pedir a sus colaboradores no contestarles ni siquiera el teléfono a los ministros de la Suprema Corte, hoy la consejera Jurídica de la Presidencia, María Estela Ríos, acudió a la sede de la SCJN para “visitar” a los ministros.

 

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