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Home Columnas

ABANICO/ Espiritualidad erosionada

by Redacción
14 de septiembre de 2026
in Columnas, Columnistas
ABANICO/ La mítica generación de cristal

Por Ivette Estrada
Cuando el cuerpo espiritual se diluye, también la humanidad se desdibuja y pierde. En general. Sólo la parte corporal coexiste, la mental es volátil, la emocional intentamos desaparecerla siempre. Pero si no estamos completos, vivimos parcialmente, en una suerte de anestesia y sin sentido.
Una carencia fundamental en nuestro tiempo es la falta de espiritualidad.
A veces lo divino se apaga en nosotros. Nuestra capacidad de asombro se opaca, disminuye la experiencia de sentido, se ensombrece la conexión con algo más grande, merma la intuición de que la vida tiene profundidad y desaparece la certeza de que no estamos solos en el misterio.
Lo divino, esa dimensión que nos humaniza, se desvanece. La espiritualidad erosionada no es falta de fe sino de contacto con lo sagrado, simbólico y con lo que nos excede.
Es el abandono de la dimensión que nos recuerda que no somos solo corporeidad, agenda, ruido o productividad. Cuando eso ocurre, el mundo se vuelve plano. Y nosotros también.
Entonces aparece el cinismo, una defensa ante el vacío. Cuando lo divino se apaga, el mundo deja de tener profundidad. Todo parece igual, irrelevante e insuficiente. Todo se sume en el sinsentido.
La desesperanza aparece cuando la vida pierde su eje vertical. Cuando ya no hay un “arriba” simbólico que nos sostenga. Entonces el mundo se convierte en una dimensión horizontal plagada de tareas, pendientes, noticias, ruido. En medio de esto se erige la intrascendencia, un camino sin horizonte.
Ahora, no creer en nada no es libertad: es agotamiento que conduce a la incredulidad o incapacidad de confiar en algo más grande que uno mismo. Es la pérdida de la capacidad de asombro y la muerte del misterio. Cuándo éste se marchita, también perece la posibilidad de transformación.
El vacío espiritual no es filosófico: es corporal. Se siente en el pecho, en la respiración, en el sueño y la energía. Entonces la soledad se vuelve más punzante porque ya nada nos conecte con otros. Pero no está todo irremediablemente perdido.
La espiritualidad erosionada se recupera con silencio, presencia, lectura profunda, contemplación, arte, naturaleza, relaciones auténticas, preguntas verdaderas y tiempo sin prisa. Vivir el instante que ahora tenemos.

Tags: FeaturedPrincipalAbanicoIvette Estrada
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