PULSO

Eduardo Meraz

Desde siempre y en todo lugar, la fama de la milicia difícilmente es positiva; más bien se le asocia a actos represivos, justificados o no. México no es la excepción a esta generalización, por lo cual causa extrañeza el incensario prendido por el presidente palaciego a las fuerzas armadas del país.

Sobre todo, porque cuando era oposición, él y sus huestes rechazaban una mayor presencia de los militares tanto en tareas de seguridad interior y pública, como en otras actividades ajenas a las previstas en la propia Constitución. Argüían, en ese entonces, la posibilidad creciente de una dictadura si se le otorgaban más responsabilidades al ejército.

En la actual administración cuatroteísta, pasando por encima de la Carta Magna, han dado forma al holding verde olivo, el cual como a ninguna otra empresa o conglomerado ha recibido todo gratis, a costa de los contribuyentes; se les subsidiará mientras obtienen rendimientos y una vez alcanzada esta etapa se quedarán con las ganancias.

En ningún otro momento de la historia del México independiente se había visto un ejemplo tan evidente de “capitalismo salvaje” como en el caso de las concesiones obsequiadas a las fuerzas armadas. Si se pudiera resumir de alguna manera este proceder del mandatario palaciego, bien podríamos concluir es partidario de “por el bien del cuatroteísmo, primero la milicia”.

En muchos medios se ha documentado el papel de patrón de los militares, dando trato casi de esclavos a quienes trabajan en las obras que les han encargado. Los altos mandos del ejército han reconocido también cómo han chantajeado a los contratistas, proceso al cual denominan “persuasión”.

Además, cuentan con manga ancha para disponer de los recursos de los mexicanos como mejor les parezca, sin rendir cuentas a nadie y mucho menos llevar una contabilidad eficiente de los gastos. No en balde se ha solicitado a un buen número de ellos, aclaren el destino de cientos de millones de pesos.

Pero nada de eso les inquieta, pues cuentan con el manto protector de la desgarrada y percudida investidura presidencial que este inicio de octubre de 2023 el ex bastonero y la bastonera pusieron en un pedestal a las fuerzas armadas.

De acuerdo con el habitante temporal del palacete virreinal los miembros de las fuerzas armadas no asesinan a ciudadanos, ni en 1968 ni ahora, pues recibieron órdenes del comandante supremo, civil; es decir, en el pasado y en el presente las personas caídas a manos de los militares deben atribuirse a quien ocupa la titularidad del ejecutivo federal.

Y no sólo eso, sino para mantener o acrecentar el papel de la milicia mexicana es necesario garantizar la continuidad del movimiento transformador, pues además del respaldo absoluto del gobierno actual, también cuentan con las simpatías de la población.

El lavado de cara al ejército por su actuación en 1968, y asegurar que el mejor homenaje a los caídos del 2 de octubre es que Morena gane en las elecciones del próximo año, es una completa tergiversación de la historia y, de facto, otorga la santidad a las fuerzas armadas.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

El documento de la OCDE “Going for Growth 2023/ Apuesta por el Crecimiento”, demostró que la brecha media de pobreza después de impuestos y transferencias entre los países MIEMBROS corresponde al 28.7% de la población. En cambio, para México es el 34.2% de la población, quien se mantiene en niveles de pobreza aún después de recibir las transferencias alimentadas por los impuestos.

 

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